Toc, toc…

¿Quién es?

Soy yo, tu trastorno obsesivo-compulsivo.

Desde que tengo memoria, la violencia y las mujeres fueron y serán mis musas. Mucho antes de la pubertad he endiosado el cuerpo femenino, no solo de forma sexual y erótica, sino de una manera en que mi mente se sumergía en un mar onírico de piel, sudor y pequeñas escenas cursis y seductoras de una celebrity crush de los 90’s. La violencia, por su parte, era penetrada en mi retina desde un antiguo televisor caja, dónde la pantalla de vidrio era traspasada por la radioactividad que en ese entonces transmitían. Recuerdo con buen sabor esas imágenes hiper-violentas llenas de interferencia de VHS.

Pero hablemos de la salud mental. Hablemos de… la primera guerra mental.

No, para. Mejor eso lo dejamos para una crónica aparte. Solo digamos que el trastorno obsesivo-compulsivo estuvo como un organismo unicelular en mi cabeza desde que tengo memoria. Y fue evolucionando hasta el día de hoy. Y que, con los grandes golpes de la vida, daba grandes saltos evolutivos.

Mi cabeza sangraba.

Esos grandes saltos evolutivos del TOC fueron gracias a tres eventos: La primera guerra mental (2013-2017), La batalla del 2018 (Segunda mitad del año), y la segunda guerra mental (2020-actualidad). Cada periodo tuvo sus altibajos, momentos de más o menos tensión y un progresivo final con sus secuelas, como toda guerra.

Ahora bien, ¿Qué tanto se benefició el TOC con estos eventos?

Obviamente tuvo materia alimenticia para satisfacer su sed de tormento, pero me doy cuenta que a largo plazo me dio más sed a mí, que a él.

Ahora bien, ¿Quién es el más fuerte?

¿Quién está en ventaja?

¿Quién gana?


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