Tercera y última parte de la serie: Tres acompañantes en mi bunker.

Su música no fue lo que me cautivo, fue su personalidad hiperactiva y sexual.

Voy a ser breve. Creo que, de mis tres acompañantes en mi bunker de guerra, es la que representa cierta pulsión sexual propia. Una pulsión de lobo que opera desde niño, mucho antes de la pubertad.

Sabrina Fuentes, líder de la banda Pretty Sick, fue gran participe en la banda sonora de la segunda guerra mental. Al igual que con Soko y Daniel Johnston, escuchaba una y otra vez sus discos enteros, de principio a fin. Con una dosis de Kurt Cobain y Courtney Love, las canciones de Pretty Sick sonaban en mi cabeza en modo; ‘¡Apágate, mente! ¡YA!’ En contraste con Daniel, Sabrina conducía hacia mis venas repletas de ira y depresión provenientes del 2018. Y con una estética VHS, similar a la de Soko, reafirmaba el grito de lucha de las tropas de La Resistencia, nacidas en la pandemia.

La miras, y presientes que le debe gustar el whisky. O el vodka. Más tarde me enteraría al preguntarle cuál de las dos bebidas blancas prefería, que opta por el tequila. Tiene sentido. Según su apellido, tiene raíces latinas. Según su rostro también.

Su rostro es alcohólico, y me gusta el alcohol.
Se me hace que es de esas mujeres locas de las que te enamoras, te rompen y aun así las sigues viendo, besando y penetrando. De esas, al igual que el chocolate, sabes que no te conviene y aun así le sigues mordisqueando.

Y en este momento, en que estoy escribiendo esto, comprendí que Catalina no era una ‘Criatura Demoníaca’. Ni tampoco una ‘Criatura Angelical’ (Como la solía llamar). Era simplemente: una criatura estúpida

Oh, Sabrina. La verdadera ‘Criatura Demoníaca’. El verdadero cuerpo caliente repleto de lava al rojo vivo que un hombre desea cuando una criatura estúpida le rompe los huesos del corazón.



La rebeldía mental. La rebeldía sexual.
Gracias, Sicky Sab.

