PARTE II

Luego de editar las fotos, se las pase y le encantaron. Las subía a mi Instagram y recibía likes de ella y de su amiga, una que me seguía y posiblemente era una zo… como ella.

Yo en esos tiempos estaba como director de arte en un cortometraje dirigido por mi amigo y mentor de Cine, y producido por una banda de rock pop alternativo llamada ‘Contraste’. Resulta que el cantante de la banda vio las fotos de Julia subidas a mi perfil y la quería si o si como actriz para que interpretara a uno de los personajes. La buena onda con la zo… era tal que al recordar que en la sesión me había comentado que iba a empezar actuación, le dije que el productor, del cortometraje en el que estaba trabajando, quería que vaya al casting que estaban organizando.

Le pase el número de Julia al director, y el director se lo paso al idiota productor y cantante de ‘Contraste’. Después de eso no hubo ninguna conversación con Julia, ni yo con el productor.

Los likes y comentarios en las fotos que subía seguían naturalmente, hasta que luego de unos días, comencé a notar cierta distancia, es decir, ya no likeaba o comentaba ninguna de las fotografías. En un momento me envía un mensaje pidiendo que no ponga su apellido en los créditos de la foto, porque no quería que lo sepan o divulguen, así que solo puse ‘Julia L’. Para ese entonces ya habíamos rodado con el equipo el cortometraje, llamado ‘El mundo es un rato’.

Tiempo después, una noche en casa de Naomi Preizler, luego de un show en algún escenario de Buenos Aires, recibí un mensaje de Julia. No lo había abierto, pero vi en las notificaciones que era algo malo.

Luego de eso, eliminé las fotos de mi feed porque no quería problemas e hice capturas de pantalla del chat por precaución. Más tarde la termine bloqueando.

Mitad de año. Días después de la ruptura con ‘C’. Recibo un mensaje de mi amigo y mentor, y director del cortometraje. En el mensaje me preguntaba cuál era el Instagram de aquella zo… que iba a ser intérprete en la producción. Se lo paso y le pregunto porque lo necesitaba. A lo que me dice que al parecer ella había hecho un falso escrache en sus stories, nombrándolo a él, al productor idiota y a mí. Con nombre y apellido. Y como si fuera poco, había puesto la dirección de mi casa. En ese momento yo estaba muy muy muy mal por la ruptura. Aun así, el falso escrache no logró tapar el malestar.

En el falso escrache sugería que yo la había “acosado” o que le había “insistido para que se saque el corpiño”. La cuestión es que se lo sacó sin problemas e hicimos las fotos con su claro rostro de plena comodidad. También dijo que tuvo que esperar el colectivo en medio de la nada, a oscuras, dando a entender que hubo un mal trato hacia ella, es decir, que le saque fotos y la eche de mi casa. Además, hablaba mal del director, del productor, y ponía en duda la veracidad del cortometraje.

La pregunta era: ¿Por qué demonios hizo ese falso escrache en redes?

Más tarde me entere que el productor idiota, antes de rodar, le pregunto si podía pedir días libres en el bar donde ella trabajaba. Y sin haber sido seleccionada, pidió días de franco. Como al final no quedó seleccionada, tuvo que recuperar y trabajar en el bar sin paga. Por ese motivo, descargó toda su rabia en un falso escrache.

Fotógrafos y fotógrafas, si alguien los acusa de algo que no hicieron, no se queden callados. En ese tiempo no hice nada, pero si este suceso hubiera pasado hoy, Julia L. ya estaría hablando con mi abogado.


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