REPRODUCIR MIENTRAS LEÉS

Gemidos que dan placer… Placer que da dinero… Dinero para comprar cosas que no necesitamos.

Me baje del cabify y espere a que sea la hora para entrar. Me dieron la típica pulsera de papel rosa vip. Entre al ascensor y cuando las puertas se abrieron, observe que no había casi nadie, solo los empleados y organizadores del evento.

Quiero aclarar que yo tengo dos facetas muy extremas. Por un lado, soy tímido, vergonzoso, de poco hablar… con cierta fobia social. Pero, por otro lado, puedo ser no solo extrovertido, sino hiperactivo. Alguien que llega a ser el alma de la fiesta. En este caso, como era todo nuevo para mí, estaba en la primera faceta. Sumado a que la mayoría de las veces lidio con batallas mentales producto del trastorno obsesivo-compulsivo. Eso lo hace todo aún más denso, y más alimento para Mr. Inhibición.

Me quedé parado unos minutos cerca de la entrada. Observaba a los organizadores ultimar los últimos detalles, cuando veo llegar a una mujer pelirroja y algo exuberante. Al ver sus senos supe que era una “creadora de contenido”. Así les dicen ahora a las actrices porno. No sé por qué. No tengo nada en contra de la industria pornográfica, pero si al término “contenido”. Prácticamente ahora todo es “contenido”, no solo la venta de pornografía en Onlyfans, sino también películas en Netflix u otras plataformas.

No era mi tipo, pero era una linda mujer. Su escote generaba en los hombres fantasías automáticas sobre cómo podían usar sus pechos. Me acerqué a hablarle y le dije cualquier cosa que me vino a la mente. O no recuerdo si ella fue la que se acercó. De cualquier modo, ella era nueva en el medio y hablamos sobre las dudas de cómo se desarrollaría el evento.

Luego de unos cuantos minutos, comenzaron a llegar los creadores de contenido. Hombre y mujeres con cierto aire ninfomaníaco que conversaban entre sí, sabiendo que algunos cibernautas adictos a la masturbación dejaban sus dólares y la jubilación de sus padres en sus cuentas bancarias. Ingresos pasivos, generar dinero mientras duermes.

Recuerdo que una de las creadoras que llegó al evento era realmente deseable, una mujer que irradiaba energía y hormonas sexuales en el aire. Era parte de la famosa página de modelos webcam Live Jasmin. Y es entendible que adictos a la pornografía le hayan generado un alto poder adquisitivo. Porque la presentaron como la modelo webcam más cotizada.

El evento presentaba masterclasses de empresas como Live Jasmin o la nueva argentina 1 Win Models. Es interesante cómo se desarrolla el mundo de la pornografía y erotismo, incluso en la era moderna donde las máquinas ofrecen nuevos tipos de satisfacción sexual. Eso me recuerda al film ‘Her’ de Spike Jonze. Un mundo librado de dramas relacionales y repleto de angustias y trastornos mentales.

Había dos mujeres que me llamaron la atención en el evento. Una que la llamaremos Moira, y otra que la llamaremos “la chica de los brackets”. Moira se veía como una femme fatale, alguien que te puede llegar a dar el placer más exquisito de tu vida, pero no queras meterte con ella. Una auténtica loba en celo. O al menos eso parecía. En cambio “la chica de los brackets” parecía una menor de edad, de unos 15 o 16 años. Lo que lo hacía más peligrosamente excitante. Al tener ortodoncia era inevitable imaginar cómo era el sexo oral, y preguntarse si sus brackets se enredarían en los pliegues de mi pene, o si rastros de semen de la última eyaculación recibida en su boca aún quedaban en sus dientes.

Luego hubo un break entremedio del evento donde pude observarlas mejor a las dos. Eran mujeres que disfrutaban su trabajo. El trabajo de excitar y tener sexo promiscuo frente a una cámara. Manchar el lente de semen y fluidos vaginales para el placer del espectador. Y yo respetaba eso.

Antes de que el evento empezase, me había topado con una chica de look rocker que me llamaba la atención. Me acerqué a hablarle sobre si era de esas modelos webcam o si había asistido anteriormente a este evento. En sus palabras, era nueva en esto. Había empezado hace poco tiempo en filmarse en una sesión de masturbación y subirlo a pornhub. Su cuerpo no era como el de las demás chicas, pero se notaba que no llevaba corpiño y sus grandes senos caían libremente. En su habla se notaba que quizás estaba pasando por ciertos problemas mentales o de estrés o de ansiedad. Ya prácticamente todo el mundo tiene algún problema mental. La gente toma tanta medicación que es como si las farmacéuticas estuviesen detrás de todo.

Spoiler: Lo están.

Durante gran parte del evento estuve hablando con ella. Como yo no conocía a casi nadie, y ella tampoco, nos utilizábamos como sostén en medio de actores porno experimentados que intercambiaban anécdotas sexuales y de finanzas.

Fiesta pos evento

Al terminar el evento, la chica rocker y yo nos quedamos unos minutos afuera donde ya todos habían salido y estaban en varios grupitos decidiendo qué hacer. Resulta que había una fiesta organizada por el evento. El lugar era un club nocturno a unas cuantas cuadras de allí.

Camine un largo tramo hacia el lugar con la chica rocker. Para ese entonces ya se había sacado la blusa, quedando solo la remera, que hacían que se notasen aún más sus grandes senos colgantes.

Llegamos al club e hicimos fila junto con los demás actores porno que iban llegando. En la fila conocí a una mujer de más de treinta años con la que entablamos conversación sobre el mundo del erotismo. Recuerdo que me comentó algo sobre un restaurante en la provincia de donde venía en el que la utilizaban como “mesa” de sushi para que los comensales degustarán el clásico de la gastronomía japonesa y su sudor y demás fluidos corporales.

Cuando entramos aún no estaba lleno, pero se podían ver que por las luces magentas, iba a ser una noche de alcohol caliente. Fui directo a la barra y utilicé una de mis consumiciones para pedir un Gin Tonic.

Para cuando el lugar estaba casi lleno, mi alcohol ya viajaba un tour por mis venas a la velocidad de la luz. Mis ojos no se desorbitaban aun, pero ya podía sentir ese relax y desinhibición con euforia que disfrutaba como un orgasmo con esa chica femme fatale de pelo rojizo.

En un momento me topo con Dra. Mica. Una médica real que comenzó a dedicarse al porno de forma alterna a su carrera universitaria, y que había dado una charla en el evento contando su experiencia en el medio. Cuando pasa por mi lado, la toco y le digo en el oído:

-Me gustó mucho tu charla.

-Muchas gracias. – Dice ella.

-Yo hace poco me metí en el medio y me pareció interesante.

-¿Vos también haces contenido?

-Sí, pero detrás de cámara. Soy fotógrafo y estoy estudiando Cine.

Le muestro mis trabajos publicados en Instagram.

-Ay, a ver. Ahí te sigo.

A lo que prosigue a sacar su celular y buscar mi cuenta. Me sigue.

-Dale, ahí te sigo. – Le digo.

Dra. Mica era una chica de unos treinta años, con unos ojos algo achinados, piel bronceada, y un cuerpo similar al salmón recién cortado. Amable y seductora. Su carne posiblemente tan jugosa como la de Moira, la femme fatale de pelo rojizo.

El alcohol en sangre había aumentado el doble y ya había hablado con unas cuantas actrices. Y una que me había llamado mucho la atención era Spicy Aglaia. Una pequeña voluptuosa de rostro italiano que me recordaba a compañeras del colegio secundario de uno o dos años mayores que yo. Y que a esa edad tenían un busto sobresaliente. Spicey tenía ese busto.

Dra. Mica en Todas Las Tardes

Todas y todos bailaban al ritmo electrónico del DJ. Todo se volvió cámara lenta. Actores gesticulando euforia y mostrando los dientes. Actrices saltando con sus cuerpos pornográficos y sonrisas de placer musical. Cuando miro hacia arriba y veo caer una gran cantidad de billetes. Y todos dando manotazos en el aire para agarrarlos. Los había tirado un actor porno bastante exitoso en el medio conocido como Pinche Vato. Un tipo joven y macanudo. Con algunos pequeños tatuajes en el rostro. En las sienes para ser más preciso. Él había dado una charla, al igual que la Dra. Mica, donde se explayó sobre su carrera y dio consejos a los nuevos ingresantes. Y uno de esos consejos fue sobre… Adivinen…

Salud mental.

Ya bastante ebrio, decidí que ya era hora de irme. Me pedí un Cabify y salí del lugar sabiendo que habían sido horas extrañas y divertidas de placer visual. Llegue a casa y deje en la mesa todo el dinero que había logrado agarrar de lo que tiró Pinche Vato. Fueron unos 8000 pesos. En ese momento era mucho.

Dinero. Sexo. Placer. Gemidos… Después de todo, se trata de tener estabilidad mental y disfrutar la vida en un mundo repleto de locuras.


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