31 de mayo de 2025. Noche fría en la ciudad de Buenos Aires. Viajo 45 minutos en el 166 hacía Palermo. Luego de un par de días algo aburrido y con el TOC, depresión y rabia hasta la médula, me encuentro con una chica de cabello rojo vino malbec para una pequeña sesión fotográfica con mi cámara pocket de los 2000.

Cuando la veo venir me sonríe con cierto nerviosismo quizás, pero aun así una dulce boca escupe: “Disculpa la tardanza”. Al parecer había calculado mal el horario del viaje. A mi no me importaba. El aire fresco me venía muy bien. Ya que hace varios días venía estando encerrado en mi casa y saliendo únicamente de día. Extrañaba la noche. Y no se porque, en invierno es mejor. La nostalgia y la angustia melancólica brotan en mi cabeza. Me gusta. Quizás soy masoquista. Mitad masoquista, mitad sádico. Un lobo de guerra agotado pero con ganas de seguir sangrando y devorando partes de mi mente, y cuerpos de mujeres magras, sexys y húmedas.

Realizamos la sesión primero en el McDonalds donde nos encontramos. Pedí dos cafés con medialunas para ambos. Comencé a disparar. Cada sorbo que ella le daba al café. Cada gesto, mueca, mirada, cada movimiento de lengua que mojaba sus labios, era capturado por mi cámara. Y mi mente predecía, o eso intentaba hacer, sus próximos movimientos e incomodidades.

-¿Qué era lo que más te llamaba la atención de ella?

-Su escote.

-Pensé que ibas a decir sus ojos.

-Los ojos es lo primero que enfoco. Pero quizás ya me canse de mujeres de ojos claros.

-¿Lo decís por Catalina?… ¿Por Sol?

-Puede ser, si. Ojos verdes, azules… Quizás es hora de enfocarse en ojos rojos y escote finos.

Fuimos a un kiosco a comprar alcohol. Claro, no podía faltar el alcohol en una sesión de fotos como esta. Mientras tomábamos sorbos y compartimos los tragos, caminamos hacia La Rural. Ahí la iluminación ya era más tenue, y justamente eso era lo que estaba buscando. Le tomé unas cuantas fotos en los barandales que estaban en las boleterías. Cada tanto ella abría su campera, y mis ojos de forma instantánea se tornaban más rojos de lo que ya eran.

-¿En qué pensabas cuando disparabas?

-Primero en el encuadre. Después en el plano. Lo siguiente, su actitud. Me fijaba que siempre se mantuviera fresca. Y cada tanto, mi lado más anarquista me decía todo lo que podría hacerle gritar de dolor y placer.

-Como hiciste con Catalina. Con Sol. Y con las demás mujeres que hiciste florecer su sexo hasta dejarlas solas y mojadas en la cama. Dejaste huellas, te dejaron huellas en tu corazón. Corazón que ahora no es más que una  roca amorfa de piedra caliza extraída de un muro que te aísla del mundo.

-Si, como esas.

Luego fuimos a la plaza que quedaba a metros de ahí. Seguimos foteando y cada tanto filmaba tomas con mi handycam. La filmaba tomando, fumando, y caminando. En su caminar se podía apreciar su ropa ajustada que pronunciaban aún más sus nalgas que se movían como dos labios húmedos después de saborear crema helada. Y mi anarquista bohemio susurraba: “Carne magra, carne fresca. Con lo cara que está la carne en la nueva Argentina de Milei, hay que cuidarla. Protegerla. Y darle nalgadas tan fuertes como el martillo que condenó a los nazis en los juicios de Núremberg en 1945.”

Ese caminar era justo lo que necesitaba para entrenar mi mentalidad para mi próxima película. Una chica sexy, sola, y rota, caminando de noche por las calles de una Buenos Aires fascista. Eso era lo que Sydney Madison también pensaba cuando hablamos sobre el nuevo Dogma 25. Violencia, mujeres, sexo salvaje, melancolía, alcohol, y música techno. Puro Cine underground.

Cuando estábamos debajo de un farol de luz fumando Mary Jane, unos policías en bicicletas nos vieron y giraron hacia nosotros. Resumiendo; Nos preguntaron de donde éramos, que estábamos haciendo, y a mí me pidieron el DNI. Sabían que estábamos fumando, pero nos dijeron que tengamos más cuidado. Le agradecimos y se fueron.

Realmente nos tocaron unos polis muy amables. Sabemos cómo pueden ser. Si ellos quisieran podrían habernos detenido. Teniendo en cuenta que del 1% a 5% de la población mundial presenta rasgos psicopáticos, es decir unos 60 millones de hombres y mujeres son psicópatas, y que se encuentra más en la política y el mundo corporativo, la fuerza coercitiva, como es la policía, no es la excepción.

-¿Tuviste miedo?

-No. Eso me llamó la atención. No me sorprendió. Solo llamó mi atención.

-¿Por qué decis que no te sorprendió pero sí llamó tu atención?

 -Haya por 2019 cuando estaba en el grupo político de ultraizquierda, o cuando con mi mejor amiga salimos a rockear, tuvimos uno que otro encuentro con autoridades. Pero nunca le temí a una autoridad que está frente a mi. No me sorprendió, pero sí llamó mi atención porque desde mi último cumpleaños comencé con una actitud nihilista frente a la vida. Ya sabes todo lo que pasó. Algo de Johnny de la película Naked empecé a tener. Es como si mi yo a partir del 19 de abril se comenzase a diluir en un ácido que, para sorpresa de algunas amistades que resultaron ser falsas, progresivamente brotó mi lado más anárquico, nihilista y bohemio. Pero desde un tono salvaje, como un soldado carcomido por gusanos y hecho esqueleto en plena guerra mental, y aun así con la misma fuerza de antes. O en realidad, estoy viendo que es algo más fuerte aún. Algo que necesitaba ya hace un tiempo. Y las gotas por fin rebalsaron el vaso de cristal para convertirse en diamante bruto.

-¿Te pelearías con un policía? ¿Crees que serían capas?

-Bueno, por empezar seguramente el poli tiene un arma. Es una gran desventaja. Lo mejor es manipularlos. Fingir y actuar para disuadirlos. Saber aplicar eso es mejor que 1000 armas cargadas.

Finalmente volvimos a McDonalds. Ella tenía que cargar su celular, y yo tenía que ir al baño. Volvió a ver las fotos que le tome y firmamos la cesión de imagen. Le dije que las fotos estarían quizás el próximo finde, pero los audiovisuales iban a tardar más. Nos despedimos y volví al 166 rumbo a Ramos Mejia, zona oeste, donde está el agite.

-Ah, y me olvidaba. Te quería preguntar…

-Decime.

-Más allá de las fotografías, filmar, y hacer todo esto porque te gusta. Se que no necesitas más portfolio, porque tenes miles de fotos que aún no publicaste. Igualmente se también que muchos fotógrafos siguen haciendo sesiones por intercambio, aunque ya tengan un trabajo estable en fotografía, Cine, o lo que sea. Pero… ¿Porque seguís haciendo fotos? Se que hay algo más.

-Si, es verdad. Hay algo más.

-¿Qué es?

-Llenar espacios vacíos en mi muro.

Lle  n   a r

                  espacios

                                              va c i   os


Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar